viernes, 2 de septiembre de 2011

Exorcismo de diablo rojo

Ha llegado el momento en nuestra ciudad, en que finalmente estamos ante la sistemática desaparición de los bien llamados “diablos rojos”, las “trampas de muerte rodante” que durante muchos años han sembrado el terror en nuestras calles. Es inconcebible que pasada la primera década del siglo XXI en nuestro moderno Panamá, tengamos un transporte público tan miserable y tan paupérrimo, sumado a piqueras improvisadas en cualquier changuatal, paradas infames donde la consigna es “sálvese quien pueda” a la hora de abordar ya sea “por atrás” o “por delante” en buses de dimensiones escolares que parecen transporte de ganado donde el ciudadano común empieza su dia encomendándose a la divinidad que pueda escucharle hasta allí dentro.

Ya por fin parece que estamos siendo sanados de estos “malos espíritus”, pero como en todo exorcismo, el mal se resiste a salir, las convulsiones son violentas y el poseído hasta puede ser lastimado en el proceso (como aquel endemoniado gadareno del relato bíblico).  Personalmente he visto en las ultimas semanas como estas criaturas satánicas circulan por las calles con su acostumbrada anarquía pero a la décima potencia (como diciendo me voy, pero me llevo conmigo a los que pueda) por calles que no le son permitidas, pasándose luces rojas o en contra vía; en regatas a gran velocidad, maltratando a sus fieles e inocentes pasajeros y sobretodo llenando el ambiente de aquel espeso humo negro y exagerado ruido. Las convulsiones se sienten mas que nunca porque el espiritu malo se niega a salir.

A pesar de que los nuevos buses representan un paso adelante como sociedad moderna, aun hay voces por alli que han desdeñado el Metrobus en favor de los diablos rojos, el mundo al revés! Quisiera que alguien se tomara la molestia de encuestar al ciudadano común a ver que porcentaje llorará su perdida, una vez desaparezcan por completo esos cacharros ambulantes. ¿Quien podría decir que va a añorar las 3 horas diarias que se pasó en un bus lleno hasta la puerta, con los vidrios cerrados por la lluvia, sin aire acondicionado y totalmente apretujado en esos puestos de dos convertidos en tres? ¿O si alguien evocará con nostalgia como casi se convirtió en una victima mas cuando al bus en que viajaba se le salió el tren trasero por ir en regata con otro bus para llegar antes a la siguiente parada?
El precio de la indemnización que el gobierno está pagando para sacar de circulación cada uno de estos buses es poco en comparación con el beneficio de ya no verlos mas en nuestras calles. Definitivamente que si en algo podríamos estar de acuerdo es que esta ciudad no necesitará mas los diablos rojos.

Y como dije antes que el demonio se resiste a salir, he leído también de funcionarios y diputados que han estado “solicitando” algunos de estos buses para repararlos y usarlos en “beneficio de sus circuitos” y para movilizar a funcionarios de entidades publicas, que tontería!! Gracias a Dios que el Director de Tránsito dijo que eso no es posible, porque ya estos buses cumplieron su tiempo de vida (ya cuando llegaron a Panama estaban jubilados porque habian cumplido su tiempo de vida en el norte). Esta es la respuesta mas sensata que he escuchado de un funcionario en mucho tiempo.

Yo iria mas allá, haría una gran pira (si se pudiera) y los quemaría a todos, como si fueran árboles de navidad para celebrar el haber sido liberados de estos demonios rojos.


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